Con tan solo 18 años, Andrea Yojana Xon Chitic, originaria del cantón Caja de Agua en Chiché, Quiché, ha recorrido un camino lleno de desafíos y aprendizajes. Su historia es un testimonio de resiliencia y del impacto positivo que pueden tener los proyectos de desarrollo en comunidades rurales.
Andrea creció enfrentando barreras que limitaron sus oportunidades. A pesar de su desempeño académico, su educación formal terminó en tercero básico cuando sus padres decidieron que no continuara estudiando. «Ellos creían que las mujeres no tienen muchas oportunidades de conseguir trabajo. Fue muy difícil para mí aceptar eso porque siempre quise ser alguien en la vida», cuenta Andrea.
Después de un año de incertidumbre sobre su futuro, una compañera le habló del proyecto del Centro de Paz Bárbara Ford. A pesar de las dudas iniciales de su madre, Andrea insistió en participar. «Mi mamá pensaba que podría ser una estafa, pero yo sabía que era una oportunidad que no podía dejar pasar. Finalmente, me permitió asistir, y fue lo mejor que me pudo haber pasado», comparte Andrea con una sonrisa.
El proyecto ofrecía capacitaciones en corte y confección, además de círculos de sanación emocional y talleres de planificación de negocios. Cada sesión marcó una diferencia en su vida. «Los círculos de sanación familiar me ayudaron mucho. Yo estaba resentida con mi mamá por no permitirme seguir estudiando, pero al reflexionar, entendí la importancia de fortalecer nuestras relaciones», explica Andrea.
Andrea también encontró consuelo y motivación en los círculos grupales. «Escuchar las historias de otras mujeres me hizo darme cuenta de que no estaba sola. Todas habíamos enfrentado adversidades, pero juntas aprendimos a ser fuertes y seguir luchando por nuestros sueños», comenta.
Además, las sesiones con el psicólogo del Centro fueron fundamentales para superar los momentos de angustia. «Me ayudaron a dejar ir el pasado y a enfocarme en mi presente y mi futuro. Ahora sé por qué me levanto cada día, y eso me llena de propósito», afirma Andrea.
Con las herramientas adquiridas, Andrea no solo domina habilidades técnicas, sino que también ha comenzado a planificar su propio emprendimiento. «El proyecto me abrió las puertas para continuar estudiando corte y confección. Ahora mis padres ven que esto puede ser una oportunidad real y me apoyan más», dice con orgullo.
Sus metas a corto plazo incluyen completar su formación y graduarse del programa. A largo plazo, sueña con diversificar sus habilidades y explorar nuevas oportunidades educativas y profesionales. «No quiero confiar solo en una profesión. La competencia es grande, y quiero tener opciones para asegurar mi futuro», explica Andrea.
«A veces pensamos que nuestros problemas simplemente pasarán, pero los círculos de sanación y las oportunidades de aprendizaje son fundamentales para aliviar el estrés y encontrar un propósito. Recomendaría a todas las mujeres que aprovechen cualquier oportunidad de crecer, porque siempre hay algo más allá de las adversidades.»
La historia de Andrea refleja el impacto transformador de los proyectos que apoyamos. Su determinación nos inspira a seguir strabajando para ofrecer oportunidades que cambien vidas.