Jackueline Guarcas es una joven madre de 27 años, originaria del municipio de Chiché, Quiché, ha encontrado en el proyecto del Centro de Paz Bárbara Ford una herramienta transformadora para su vida y la de su pequeña hija. Con una sonrisa cálida comparte cómo este espacio se ha convertido en el motor de sus sueños.
«Conocí el Centro hace un año, a través del grupo del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación al que pertenezco. Cuando nos hablaron del proyecto, me llamó mucho la atención y decidí inscribirme», cuenta Jackueline. Desde entonces, su vida ha cambiado notablemente.
En un municipio donde el bordado manual es una tradición, el aprendizaje del bordado a máquina y la confección de prendas típicas han abierto nuevas posibilidades para Jackueline y sus compañeras. Gracias al apoyo del Centro de Paz Bárbara Ford, recibió una máquina de coser industrial, junto con materiales esenciales para emprender. Este regalo no solo representa una oportunidad económica, sino también la posibilidad de forjar un futuro más estable.
«Antes no sabía nada de corte y confección, pero ahora estoy aprendiendo cada día. La máquina requiere tiempo y dedicación, pero poco a poco estoy mejorando y explorando nuevas formas de crear. Tener esta herramienta y los materiales ha sido una bendición, porque no podría haber hecho esta inversión por mi cuenta», explica.
Jackueline combina sus labores del hogar por las mañanas con su emprendimiento por las tardes. Aunque el bordado a máquina es una actividad nueva en Chiché, su trabajo ha comenzado a destacar. «Aquí casi no hay personas que hagan bordado a máquina, y ahora puedo ofrecer este servicio. Esto beneficia no solo a mi familia, sino también a las personas de comunidades cercanas que ya no tienen que viajar hasta el centro de Quiché», resalta.
La influencia del proyecto no se limita a lo material. Jackueline también recibió apoyo emocional a través de sesiones de terapia con una psicóloga del Centro. Este acompañamiento la ha fortalecido como madre y emprendedora. «Me ayudó a conocerme mejor y a seguir adelante. Además, mi familia siempre me respalda en los momentos en que necesito concentrarme en las capacitaciones», comparte.
El impacto del proyecto no solo se refleja en sus logros actuales, sino también en sus ambiciones para el futuro. Jackueline sueña con estudiar para convertirse en trabajadora social, una meta que ve más cercana gracias a las oportunidades generadas por su emprendimiento. «Quiero seguir aprendiendo y luchando por mis sueños, para garantizarle un mejor futuro a mi hija», afirma.
Además, busca inspirar a otras mujeres: «Les diría que aprovechen cada oportunidad que se les presente. Aprender algo nuevo siempre nos da la fuerza para salir adelante. Hay que esforzarse, porque vale la pena luchar por nuestros sueños.»
La historia de Jackueline es un ejemplo del impacto que los proyectos de nuestras organizaciones socias pueden tener en la vida de las personas. Desde su hogar en Chiché, ella está transformando no solo su presente, sino también el futuro de su familia y su comunidad.
Gracias al apoyo de personas como tú, más mujeres como Jackueline pueden construir un futuro mejor. Comparte su historia y ayúdanos a hacer la diferencia.