Historia de Vida: Celidónica Leticia Ixcoteyac Chacaj

El eco de la despedida: cómo la migración siembra angustia en el corazón de las familias

Leticia Ixcoteyac Chacaj, de 22 años, oriunda de la aldea Chacachela, en Santa María Chiquimula, nos abre las puertas de su vida marcada por la partida repentina de su esposo. Su historia no solo revela la travesía migratoria sino también la lucha constante por encontrar sentido y esperanza en medio de la incertidumbre.

Leticia, además de expresarse en español, habla K’iche’, una conexión a sus raíces y una manifestación de la rica diversidad cultural que enriquece su identidad. Hace un año y ocho meses, su esposo inició una travesía hacia la esperanza, migrando desde la Mesilla hasta la frontera de Arizona. La historia da un giro trágico cuando, tras un breve descanso, la migración los corrió en el desierto. Desde ese momento, su esposo se sumió en el misterio, dejando a Leticia y su pequeña hija en una angustia sin respuestas.

«Cuando escuché que él ya no aparecía, sentí que ya no tenía sentido mi vida», confiesa. Ella quedó a cargo de su hija de cuatro meses, enfrentándose a la desgarradora realidad de criar a una niña sin la presencia de su esposo.

La familia, ahora compuesta solo por mujeres, debido a que su papá falleció cuando ella tenía solo dos años, se enfrentó al dolor de la incertidumbre y la ausencia. Leticia confiesa que llegó a considerar tomar decisiones drásticas, pero la intervención y apoyo de su hermana fueron un bálsamo en medio del tormento. «¿Quién por tu hija si te vas a morir?, ¿quién por tu hija?» le recordó su hermana, marcando el inicio de la resiliencia que afloraría en Leticia.

La búsqueda de respuestas condujo visitas a la oficina de relaciones exteriores, pero todo en vano. La incertidumbre persiste, pero Leticia ha encontrado apoyo en talleres y psicólogos de la Red Jesuita con Migrantes, guiándola hacia el pensamiento positivo en medio de la oscuridad.

Actualmente, no tiene un trabajo fijo, pero lucha a través de pequeñas ventas, ofreciendo enchiladas de pollo, pan con pollo y gelatinas. La vida como madre soltera no es fácil, y aunque la sonrisa de su hija le da fuerzas, el deseo de que su esposo forme parte de esa felicidad persiste.

A otras mujeres que enfrentan la partida de sus esposos, Leticia les envía un mensaje de fortaleza: «Luchen por la vida, luchen por la vida de sus hijos. Es difícil, pero con la ayuda de Dios todo es posible. Hay que luchar, hay que ver para adelante, hay que pensar positivo. Las mujeres también pueden luchar y salir adelante.»

La historia de Leticia es un testimonio de la resiliencia femenina en medio de la adversidad, un recordatorio de que, incluso en las sombras, la luz de la esperanza puede prevalecer.

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