Caliaj, Sololá: una comunidad que cuida su salud y construye su futuro desde los huertos familiares

En Caliaj, una comunidad rural de San Andrés Semetabaj, Sololá, la familia Pérez ha encontrado en la agroecología una oportunidad para transformar su vida. Florencia Pérez, junto a su hija Cristina Soledad Pérez, su esposo y otra de sus hijas, han implementado prácticas sostenibles que no solo les han permitido mejorar su alimentación, sino también fortalecer sus lazos familiares y su resiliencia ante los desafíos.

Florencia, de 52 años, es el pilar de su familia. Como ama de casa, divide su tiempo entre las tareas del hogar, el tejido y el cuidado de un huerto que ha mejorado su forma de vida. Su esposo, quien padece hipertensión y colesterol alto, enfrenta limitaciones en su trabajo agrícola, lo que ha llevado a la familia a buscar alternativas para sostenerse.

A través de Cáritas Diócesis de Sololá y Chimaltenango, apoyado por Jotay Guatemala, Florencia conoció un proyecto que le brindó capacitaciones, semillas y herramientas para iniciar un huerto familiar y medicinal. Su hija Cristina, de 26 años, se unió al esfuerzo familiar a pesar de haber enfrentado una cirugía de emergencia que la ha mantenido alejada del tejido, su principal actividad económica.

En medio del maíz y el huerto, la familia Pérez recoge con alegría los frutos de su esfuerzo: alimentos frescos, saludables y cultivados con amor.

“Aprendimos juntas a preparar tablones, hacer abono orgánico y cultivar hortalizas. Ahora cosechamos rabanitos, repollo, cilantro y hierba mora, que son frescos y saludables”, comparte Florencia con entusiasmo.

Bienestar familiar

El huerto no solo ha reducido los gastos en alimentos de la familia, sino que también ha mejorado su salud. En el espacio destinado al huerto medicinal, han cultivado plantas como la hierba blanca, el amaranto y el ajenjo, que utilizan para tratar dolencias comunes.

“Es una tranquilidad saber que tenemos plantas medicinales al alcance y no dependemos de medicamentos químicos para cada enfermedad”, explica Cristina.

La familia también valora el uso de semillas criollas, que pueden reutilizarse para futuros cultivos, lo que garantiza un ciclo sostenible y reduce la dependencia de insumos externos. “Estas semillas son esenciales para mantener nuestro huerto productivo”, comenta Florencia.

Los árboles también forman parte de este ecosistema familiar. Aquí el aguacate crece fuerte.

Retos y sueños compartidos

A pesar de los logros, la familia enfrenta desafíos, como el acceso limitado al agua y la necesidad de cercar el huerto para protegerlo de los animales. Sin embargo, están decididos a superar estos obstáculos y seguir ampliando su espacio de cultivo.

“Queremos sembrar más variedades de verduras y plantas medicinales para garantizar alimentos frescos y saludables para nuestra familia,” comparte Cristina.

Florencia, por su parte, sueña con enseñar a otras familias de su comunidad lo que ha aprendido en el proyecto. “Esto no solo nos beneficia a nosotros, sino que también puede cambiar la vida de otras personas,” reflexiona.

Cristina lava los rabanitos recién cosechados.

Proyectos que empoderan

El impacto de Cáritas en la vida de la familia Pérez es un ejemplo de cómo los proyectos agroecológicos pueden transformar comunidades enteras. A través del apoyo técnico y humano, Florencia y Cristina no solo han encontrado soluciones sostenibles para su hogar, sino que también han fortalecido su vínculo familiar y su deseo de trascender en la vida.

Como Jotay Guatemala, seguimos comprometidos con iniciativas que promuevan el desarrollo sostenible en comunidades rurales como Caliaj. Historias como las de Florencia y Cristina nos inspiran a continuar trabajando junto a socios como Cáritas para sembrar esperanza y bienestar en las familias que más lo necesitan.

Florencia, Cristina y su esposo comparten con orgullo las semillas criollas que han sido el punto de partida para cultivar salud y autonomía en su hogar.
Cristina y su mamá Florencia sostienen con orgullo su cosecha de rábano y aguacate: símbolos de esfuerzo compartido y bienestar familiar.
Cada alimento que llega a la mesa es el resultado de un proceso que une a la familia y fortalece su salud.

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